domingo, 30 de noviembre de 2008

Critica teatral dijo de Lame Vulva


Lame vulva


Eso que perturba



Obra escrita y dirigida por Martín Marcou





El autor y director Martín Marcou no se anda con vueltas. Es directo en el planteo, llano en el lenguaje, y sin medias tintas en el desenlace. Exaspera la realidad hasta convertirla en un campo de batalla, cualquier cotidianeidad es tomada como punto de partida de un combate. Ese puntilloso transito por lo cotidiano –estupendamente logrado- hace que Lame vulva, se torne de a poco en un visceral desenmascaramiento de deseos y tabúes, a la vez que se observan todos los artilugios (desde los dialécticos, hasta los físicos) que son utilizados para tratar de prevalecer sobre el otro, y conseguir ese objeto de deseo que es el poder.


No diremos aquí, entre quienes entablan la lucha, y cual es la ganancia, el planteo es tan simple que causa cierto escozor por lo emparentado que se encuentra esa “realidad-ficcional”, con la realidad misma. Marcou, inclusive, se permite resquebrajar la cotidianeidad, para introducir la cara oculta de esos seres siempre en tensión.


La exacerbación de arquetipos es el código de actuación del elenco conformado por Checha Amorosi, Lilian Fittipaldi y Javier Rosón; eso le permite maximizar las interrelaciones en sus pasiones y en sus lados oscuros. El merito de los tres actores es que logran mantener ese riesgoso registro durante toda la obra.


Es muy buena la escenografía de Mercedes Kuref, tanto por su disposición espacial, como por la elección de elementos. En una misma sintonía se ubica el vestuario diseñado por Eleonora Boffi, ya que las ropas van en correspondencia con las personalidades de los personajes.


Es interesante el diseño de luces de Ariel Campos, ya que a la flagelante exposición de toda la pieza, logra introducir un momento irreal.Lame vulva es una obra en la que se tiene que dejar en la puerta de la sala cualquier tipo de pruritos, así se podrá disfrutar una historia polémica y perturbadora.

Gabriel Peralta

domingo, 23 de noviembre de 2008

Nueva Crónica Lame Vulva







El poder de la vulva



Buenos Aires, nov. 20 (ANSud.com) - “Si tuvieras un hijo lo criarías a pura leche, amor y María Elena Walsh”, recita uno de los personajes de Lame vulva (un ejercicio de poder), obra escrita y dirigida por Martín Mercou, con las actuaciones de Checha Amorosi, Lilian Fittipaldi y Javier Rosón. Pero no hay que dejar que la aparente melosidad de esos versos engañen: a medida que la obra transcurre brota cualquier cosa menos amor o, en todo caso, hay una versión completamente distorsionada y fuera de foco del amor.

Una pareja discute y uno de ellos ejerce, sin piedad alguna, violencia verbal y física sobre el otro. Los prejuicios, los estereotipos, la mentalidad bienpensante llevarían automáticamente a creer que es el hombre el que lleva a cabo tales acciones. Error. En el caso de Lame vulva es la mujer la que no sólo defenestra, rebaja, desprecia, humilla, veja, golpea, aporrea y lastima al hombre sino quien también lo maneja, como un títere, a su antojo. Pero como nada es casual en la vida, que ella sostenga esa conducta y que él, pasivo, sumiso, casi “como una mujer”, continúe soportándola (¿o quizás alentándola?), tiene un claro y contundente antecedente que no tardará en hacer su triunfal aparición en escena: su propia madre.

Vestida con colores chillones, digna representante de lo que alguna vez Ricardo Zelarrayán llamó “tucán de cementerio”, con aires de diva tilinga y barrial, autoproclamada poeta y con un ejercicio de la violencia y la agresión más sutiles que los exhibidos por su nuera, pero igualmente efectivos, la suegra rápidamente se adueña de la situación en ese domingo que la pareja pretendía fuera “de ensueño”. A partir de ese momento, la lucha sorda y despiadada entre las dos mujeres, que por momentos incluso parecen ignorar al (des)preciado objeto —al ser humano— que se disputan con ferocidad digna de mejor causa, no conocerá fronteras ni límites.
Porque no hay límites para quien nunca los ha conocido: la madre, más invasora e invasiva que una idische mame, comparte con su hijo hasta los pliegues más íntimos de la vida de ambos; el hijo, imposibilitado de toda reacción, navega feliz entre las borrascosas aguas del amor conyugal y las falsamente cálidas del amor maternal; por último, la mujer, cuya ambigüedad queda subrayada en su forma de vestirse (calzas de acetato hiperajustadas color rosa y camiseta de Boca Jrs.), cuya nulidad como procreadora es crudamente machacada por la suegra, cuya impotencia ante su incapacidad de “oler como una mujer” se refleja en su conducta violenta y tiránica y cuya falta de femineidad se exhibe en su chatura física, no conoce otro modo de acercarse a los otros que no sea el de la agresión. Insulta a su marido con los improperios más acertados y descabellados a la vez, y en esto la obra resulta una grata sorpresa: mientras uno esperaría los insultos más típicos y procaces del idioma, el autor ha tenido el buen tino de encontrar —y fabricar si es necesario— aquellos que resulten igual o más hirientes (como el del título) a la par que risibles que los usuales, cada vez que el pobre Horacio es injuriado por su mujer.

En una ambientación con pocos pero escogidos toques kitsch, como la tela símil peluche color fucsia rabioso que cubre el sofá donde transcurre buena parte de la obra, en un espacio reducido pero bien distribuido y con una excelente musicalización, Lame vulva es una comedia no sólo cruda como se proclama en los carteles sino también profundamente humana que deja al descubierto, en primer plano y con ese fondo fucsia shocking, emociones y situaciones que muchos preferirían no ver y que sin embargo, modelan el curso de sus vidas.

Analía Pinto
Agencia de Noticias Ansud

Chequeá la nota en : http://www.ansud.com/muestranota.asp?id=1217&ant=1

lunes, 17 de noviembre de 2008

Cuando me enojo con los actores de Lame Vulva


Cuando me enojo con los actores de esta obra que amo, pienso que faltan dos funciones para terminar la temporada y que la obra podría haber crecido más, sin embargo no estoy disconforme con los resultados alcanzados.
Rememoro todos y cada uno de los ensayos y sus momentos intensos, los momentos de amor y alegría, los momentos de estancamientos y esos donde algo en el aire, cambiaba la forma de las cosas trayendo la respuesta.
Cuando me enojo, no dejo de pensar en toda la gente que apuesta por este espectáculo, pienso en Sol maquillando con poca luz, en Ariel comiendosé mis puteadas, me la imagino a Mercedes, que por más que la trato de a ratos con poco tacto, está en todas las funciones y trae al conejo que se nos descaderó. Pienso en Ana Paula acarreando cosas, colorada por el calor, en Eleonora peleandolá como una leona, en Esteban que desinteresadamente nos acompaña. Pienso y pienso.
Cuando me enojo, mi cara se transforma, no puedo disimular, pero tampoco quiero, transpiro bronca por todas mis facciones y quiero abrazar a los actores que siento míos, pero se que son del viento, que todo es transitorio, como la vida misma, y que pronto el tiempo dirá basta, y mañana nos miraremos a la cara y ya no seremos los mismos que creíamos en esta historia, que seguramente se desgastará, que no me representará, que no hablará de nosotros, pero a la que recordaremos como aquella historia que un día quisimos tanto... que armamos a fuerza de equivocarnos y querer y a veces no poder.
No poder es bronca, es impotencia, es: ¿por que no sale esto?, si yo tengo con qué, es preguntarme ¿que pasó en esta función?, es pensar en la próxima; la rompo, romperla y después volver a sufrir.
Conmigo se sufre y se disfruta en porciones similares. La indiferencia ante un acto tan grandioso como estar actuando en una obra, me abruma para mal, y solo tengo ganas de despedazar el instante. Vivo para lo que creo, para esto tan imperfecto, pero tan naturalmente aberrante y bello que sale de mis entrañas.
Por dios! a veces pienso que es lo único que tengo y soy, y se que probablemente no sea así, pero es lo que me hace feliz, de felicidad grande y placentera, de estar parado en el medio del teatro y de secarme las lágrimas a escondidas por que la felicidad me destroza.
Cuando me enojo con Checha, no puedo dejar de pensar en lo generosa que es, en su sueño que voy a apoyar y defender hasta la muerte, es su inmenso amor y sus ganas de ser buena. Cuando me enojo con ella, se me estruja el corazón como trapo de piso, y comienzo a recordar todo lo que vivimos desde que nos conocimos, desde el 2006 hasta ahora nos paramos. La quiero como a una hermana que mea con la puerta abierta, como a ese ser que replica mis días. La quiero como es y ella estimo que me quiere por lo que soy, aunque sea un puto medio repugnante de a ratos.
Cuando me enojo con Lilian, ...........................................................................................................
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Cuando me enojo con Javier me siento triste, me duele, y quisiera volver el tiempo atrás. Cuando me enojo con Javier pienso que a veces soy terminante, inflexible, un cabrón de mierda que se siente no elegido, me siento algo injusto y un poco celoso de que no me prefiera. pero inmediatamente reflexiono sobre lo que es dar, lo que es recibir y el valor que esto tiene en las relaciones. Cuando repaso los acontecimientos sin resentimientos, entiendo que debo apoyar cualquier causa donde el otro pueda crecer, aunque en el fondo necesite que las cosas se manejen de otro modo y sienta que se equivoca por que es joven y está creciendo.
Todo lo que uno da desinteresadamente, vuelve con el tiempo, crece y crece hasta trasnformarte.
Quedan dos funciones de lame vulva y mis enojos son pasiones que me desbarajustan, pero al mismo tiempo me hacen ser genuino, real, me hacen desnudarme de la única forma que en este momento de mi vida me hace bien; crudamente.
Lame Vulva vale la pena, mireselá por donde se la mire. Es un torbellino descomunal de sensaciones.
No te la pierdas, por favor, no seas distraído, que mis actores te van a demostrar en escena como se someten unos a otros dejando la vida en el escenario.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Crónica de Lame Vulva por Sergio Di Nucci






Le agradecemos formalmente a Sergio por acercarse a ver nuestro espectáculo y transcribimos a continuación su crónica sobre Lame Vulva (Ejercicio de poder)

http://esculpiendo.blogspot.com/2008/10/teatro.html


Esculpiendo milagros

Teatro

La obra es cuanto menos shocking. Cumple lo que tantas otras de hoy, no sólo aquí en Buenos Aires, apenas anuncian, aunque acaben por mover a piedad, conmiseración. Su título –todo hay que decirlo–, llama a equívoco. “Lame Vulva” es punk, y comparte con otros de la teatral escena porteña una cierta predilección por espantar al burgués (o por invitarlo a una misa negra fraudulenta), cuando lo colman de un tedio que a veces debe conducir con todos los derechos al homicidio.Cuando se encienden las luces, sobre la escena un joven sangra y una chica grita. Son adolescentes. Él está en camisa y pantalón que resultan un tanto démodés.
Ella usa calzas y tiene puesta una remera de Boca Juniors. Estamos –en plena sala de La Ratonera, Corrientes al 5552- en un departamento de clase media que no es sólida, adornada con sobriedad, aunque con detalles (esos petits vrais faits) que resultan en un principio -sólo en un principio, ay- desconcertantes. Tal como ocurrirá con cada una de las escenas que se sucederán de ahí en más en la siguiente hora y pico. Tres golpes suenan en la puerta. Interrumpen los afanes de la joven -persecutoria, insoportable- por castigar al joven. Físicamente, es de suponer, pero sobre todo verbalmente. Los tres golpes son la contraseña a que debió acostumbrase la madre de ese joven que sigue sangrando y que ahora quiere recomponerse instantáneamente hurgando en una caja repleta de pastillas.
La madre verá al hijo con un aspecto que recuerda, en el vestuario y en los gestos, al errático Charly García de todos estos días. Porque la joven es la novia del joven, su alterada conducta alcanza un nuevo clímax con la intromisión materna.Madre y chica se disputarán con una ferocidad que parece solo reservada a las mujeres a ese único varón, preciadísimo como el oro, o el diamante. Las hembras terminarán por parecerse mucho entre ellas, aunque ganará la fuerza de los años, la experiencia triunfará sobre la inocencia.
El final es imprevisible, y no defrauda. Es un drama, que por momentos conoce destellos de rigurosa tragedia -hecha hoy en Buenos Aires- y que, además, contiene una mirada, la de la dramaturgia de Martín Marcou, que no renuncia al humor, a la delicada ironía, ni mucho menos al sexo. Las actuaciones recaen en Checha Amorosi, Lilian Fitipaldi y Javier Rosón, y allí estarán listos para la acción todos los viernes, a las 22.30.
Sergio Di Nucci