martes, 14 de julio de 2009

Nueva critica de Lame Vulva, por María Inés Grimoldi


El tema de la violencia y de las familias disfuncionales, ya abordado en el teatro argentino actual; se puede decir que es un tema clásico de la literatura y del teatro; adopta en esta pieza un carácter especial.


En primer lugar habría que recordar que el tema de la violencia atravesó nuestro teatro, pensemos, por ejemplo, en Teatro Abierto y en dramaturgos que ya son referentes del teatro argentino y que surgieron o se hicieron conocer en momentos de violencia política y que denunciaban torturas o violencia física o psicológica como, por ejemplo, las obras de Pavlovsky o de Griselda Gambaro. Lo novedoso o diferente en los dramaturgos más actuales es la aparición, no ya de la violencia, llamémosla social o política, sino de la violencia familiar. Y es mucho menos soportable para el espectador atravesar esta propuesta. ¿Por qué? Porque ya la violencia no está afuera sino dentro mismo del núcleo familiar. Lo que la convierte en algo más ominoso y terrible. Cuando el enemigo está adentro es mucho más difícil casi imposible defenderse que cuando viene de afuera. Quizás sea esta la verdadera inseguridad de la que tanto se habla últimamente. No podría haber violencia social o política sino existiera primero en el seno de la familia. Por eso le cuesta al espectador mirarla, atravesarla y lo somete a pruebas constantes. Quizás porque haya estado o esté cerca o quizás haya sido testigo de una situación semejante. Se puede decir que estamos ante lo que Antonin Artaud denominaba, “el teatro de la crueldad”. Interpela al espectador y crea una atmósfera angustiante, ya casi es una maquinaria de poder, que produce claustrofobia porque pareciera que no se puede salir de ella sin haber primero atravesado el infierno.


En realidad, lo que se busca es reconstruir, desarmar, destartalar estructuras preconcebidas, prejuiciosas y contaminadas por una moralina estéril que pueden terminar con la vida física, emocional o psíquica del individuo sino encuentra un modo de escapar. En “Lame Vulva” los personajes pareciera que no pueden escapar a este mecanismo, es más, el mecanismo se refuerza a medida que avanza la obra. La violencia va in crescendo. Y lo interesante es que, el personaje femenino y no el masculino (la mayoría de las veces es el hombre el victimario como se ve en los innumerables hechos reales de violencia doméstica y de sexo que diariamente leemos en los diarios o vemos por televisión) es el dominante, el abusivo en este caso.


Tengo que confesar que pienso que el título de la pieza es casi pornográfico por lo excesivamente mostrativo, exhibicionista, poco sugerente, poco sutil lo que puede resultar algo irritante. Cuando recomendé la obra hubo personas que se sorprendieron y se sonrojaron y hasta me miraron en forma extraña. Pero también pienso y sobretodo después de reflexionar sobre ella, que es un excelente título porque forma parte de esa interpelación al espectador a la que se refiere “el teatro de la crueldad” y hace saltar nuestros resortes pequeño-burgueses.


“Lame vulva - ejercicio de poder” desarrolla todos estos conceptos con una poética propia y con una excelente actuación (Checha Amorosi, Javier Rosón y Puchi Labaronnie)Hay mucho trabajo lingüístico y de expresión corporal de los actores.


Impecable la dramaturgia y la dirección.

María Inés Grimoldi

No hay comentarios: